Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

Indonesia: otra democracia a la deriva

Pedro Arturo Aguirre ·

Indonesia es un país importante. Es el cuarto más poblado del planeta (276 millones de habitantes); su economía ha registrado uno de los mejores desempeños globales en los últimos años y si mantiene el ritmo durante la próxima década podría convertirse en una de las diez más grandes del mundo. La columna vertebral son las materias primas, algunas de ellas clave en esta época de transición energética. De acuerdo con un análisis de The Economist, para 2030 Indonesia podría ser el cuarto mayor productor mundial de materias primas verdes, solo detrás de Australia, Chile y (quizá) Mongolia. Asimismo, Yakarta se ha convertido en una de las incubadoras de empresas de nuevas tecnologías más exitosas del sudeste asiático. Sin embargo, Indonesia rara vez ocupa las ocho columnas en la prensa internacional, salvo cuando ha sucedido alguna desgracia natural. Desde la caída de Sukarno, campeón del no alineamiento durante la Guerra Fría, se impuso una política exterior introspectiva de poco protagonismo internacional.

Los indonesios votarán el próximo 14 de febrero por un nuevo presidente para suceder al saliente Joko Widodo, quien asumió el cargo en 2014 con un nivel de entusiasmo pocas veces visto para un líder mundial. En sus dos mandatos logró éxitos como una acertada gestión ante la pandemia, la ampliación de la red de seguridad social, la puesta en marcha de la nueva capital del país y la construcción de muchas importantes infraestructuras. Pero también socavó a las instituciones y al estado de Derecho. Quien alguna vez fue un símbolo de la joven democracia indonesia, establecida en 1998 tras el derrocamiento del dictador Suharto, deja el cargo tras debilitar a la comisión anticorrupción independiente del país, promover una reforma del código penal restrictiva de la libertad de expresión, ampliar la influencia del islam en la elaboración de legislaciones civiles y penales y otorgar al gobierno amplios y mal definidos poderes para perseguir a críticos y opositores. Ha dispensado clientelismo, intervenido en los asuntos internos de los partidos políticos rivales y permitido a los militares desempeñar un papel excesivo en los negocios.

Para las próximas elecciones el gran favorito es el actual ministro de Defensa, Prabowo Subianto, quien fue adversario de Joko en las dos pasadas elecciones presidenciales pero aceptó hacer una alianza con su rival y fue integrado al actual gobierno como ministro de Defensa. Militar, nacionalista recalcitrante, está acusado de ser uno de los responsables de desapariciones forzadas y asesinatos de activistas estudiantiles perpetrados durante el movimiento democratizador de 1998, así como de abusos cometidos por el ejército en Timor Oriental. Como su compañero de fórmula candidato a la vicepresidencia va Gibran Rakabuming Raka, hijo del presidente Joko. La ley prohíbe a los menores de 40 años postularse a vicepresidente, pero la Corte Constitucional anunció una extravagante exención para los “funcionarios existentes”. Gibran es alcalde de Surakarta, ciudad de Java central. El tufillo a nepotismo es evidente, pero muchos votantes lo tomaron como un respaldo a Prabowo por parte del presidente, quien goza de una enorme popularidad, y ello le ha dado a la fórmula Prabowo-Gibran a una ventaja dominante en las encuestas. Los otros dos candidatos son Anies Baswedan y Ganjar Pranowo, ambos exgobernadores. Si nadie logra la mayoría absoluta habrá una segunda vuelta en junio entre los dos primeros lugares.

La democracia indonesia decae y como en otros tantos casos esto no sucede de súbito o tras bambalinas, sino gradualmente y ante los ojos del mundo. Las instituciones y normas democráticas se debilitan mientras ciudadanos complacientes y olvidadizos observan y callan. Pero el camino antidemocrático en el cual Joko ha ubicado a su país amenaza incluso muchos de sus propios logros. Indonesia es un país étnica, geográfica y culturalmente muy complejo. Siempre ha estado amenazado por la desintegración y la violencia. Reinstaurar una dictadura con un caudillo nacionalista al frente y mediante un flagrante arreglo nepotista puede resultar fatal para la estabilidad política y desarrollo económico del país.