Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

El ocaso de la Françafrique

Pedro Arturo Aguirre ·

El neologismo Françafrique, creado en los años sesenta por académicos franceses, se refiere a la continua subyugación de estados africanos supuestamente soberanos (Costa de Marfil, Senegal, Gabón, Chad, Níger, etc.) por parte del antiguo amo colonial. El proceso de supuesta “descolonización” comenzó a mediados de los años cincuenta y principios de los sesenta, cuando derrotas en Indochina y luego en Argelia persuadieron a París de conceder la independencia nominal a sus colonias en el África subsahariana, pero manteniendo condiciones diseñadas a perpetuar un estricto control político y económico sobre ellas. Poco a poco, como lo señaló en su momento el novelista senegalés Boubacar Boris Diop, “el Imperio francés pasó de ser un capataz brutal a un terrateniente ausente”.

Para ello se sirvió de pequeños monstruos. Los dirigentes de los nuevos Estados africanos fueron dictadores designados por el gobierno francés. Debían cumplir con dos condiciones: poner los recursos de su país a disposición de la Metrópoli y votar rutinariamente a favor de los intereses galos en los foros internacionales. Como gobernaran a sus súbditos no importaba, por eso muchos de estos “hombres fuertes” fueron sátrapas capaces de arrojar a sus oponentes políticos a los cocodrilos, coronarse emperadores y depositar miles de millones de malversados francos en cuentas suizas sin temer la más mínima reprimenda. Por eso Duverger describía a la Françafrique como “el escándalo más grande de la Quinta República”.

Hoy Francia ya no es la gran potencia mundial. Rusia la está sustituyendo en el Sahel brindando apoyo diplomático y asistencia militar a los regímenes autoritarios de la región, mientras China se ha convertido en el principal socio económico. Primero fueron Chad, Malí, Burkina Faso y ahora, Níger. Las historias son parecidas: militares golpistas toman el poder, rompen lazos con Occidente y le dan entrada al Grupo Wagner. Las escenas en Niamey, capital de Níger, tras el golpe de Estado perpetrado el mes pasado son de multitudes coreando “Abajo Francia” mientras ondeaban banderas rusas. “Si alguien resulta herido, las represalias vendrán inmediatamente”, declaró Macron con el tono del viejo maestro imperial. Pero eso solo es una quimera. Una intervención militar sería darle una patada al avispero. Y el Sahel es una zona estratégica para Europa. Por allí pasan las rutas migratorias al Mediterráneo, se hacen fuertes los grupos yihadistas y se extraen materias primas cada vez más importantes como litio y cobalto, así como los tradicionales oro y diamantes. Asimismo, con la reactivación de la energía nuclear el uranio vuelve a tener demanda, y Níger es el séptimo productor mundial. Por cierto, también tiene uno de los Índices de Desarrollo Humano más bajos del planeta (el 189 de 191 países).

Ciertamente, Françafrique promovió males gobiernos y sus presidentes serviles ignoraron flagrantemente la democracia y el progreso social. Sin embargo, la opción rusa no es mucho mejor. Putin se vende como un aliado contra el “neocolonialismo” occidental, pero con él como “nuevo adalid” África solo cambiará de sanguijuela y alcanzará grados aún peores de corrupción, abusos contra los derechos humanos, mala gestión gubernamental e inestabilidad política. Por cierto, apenas 18 de los 54 líderes de África asistieron a la reciente cumbre con Rusia celebrada en San Petersburgo, en comparación con los 43 en la cita anterior de 2019, ¿un reflejo de las preocupaciones por la invasión a Ucrania?